Lo que le pasó a Hawai’i… ¿le está pasando a Puerto Rico?
- Miquel García
- Nov 10
- 5 min read
“Quieren quitarme el río y también la playa
Quieren el barrio mío y que abuelita se vaya
No, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai
Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái”
Con este coro, Bad Bunny cautivó el corazón de muchos puertorriqueños en la canción titulada “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”, tema de su disco DeBÍ TIRAR MáS FOToS. La canción ha llevado a muchos oyentes a hacerse dos preguntas: ¿qué ocurrió realmente en Hawaiʻi y por qué Bad Bunny lo utiliza como comparación con la situación actual de Puerto Rico?
Hawaiʻi fue un reino independiente desde 1810 hasta finales de ese siglo. En 1893, un grupo de empresarios estadounidenses respaldados por militares de Estados Unidos y vinculados a la industria azucarera derrocó a la reina Liliʻuokalani, última monarca del reino. Años después, en 1898, el Congreso de Estados Unidos aprobó la anexión de Hawaii como territorio mediante una resolución conjunta, la cual no requiere un referéndum ni la aprobación directa de la población local, sólo la votación del Congreso. Un elemento clave es que la anexión ocurrió pese a la oposición organizada de la comunidad local. En 1897, más de 21,000 personas firmaron la Ku‘e Petition para oponerse formalmente a la anexión, cifra que representaba más de la mitad de los nativos hawaianos registrados en el censo de ese año. Este proceso dejó claro que la decisión no reflejaba la voluntad democrática de la población hawaiana.
Décadas después de la anexión, Hawaiʻi permaneció como territorio de Estados Unidos hasta el 1959, cuando fue admitido oficialmente como el estado número 50 tras un referéndum en el que más del 90 % de los votantes votaron por la estadidad. Para ese momento, la población nativa hawaiana ya había disminuido significativamente, representando apenas alrededor del 10 % del total de habitantes del archipiélago, lo que evidencia un cambio demográfico significativo respecto a los finales del siglo XIX, cuando los nativos eran casi la mitad de la población.
Todo este proceso transformó profundamente a la comunidad nativa de la Isla. Hoy, apenas alrededor del 6 % de la población se identifica únicamente como nativa hawaiana y si se incluye a quienes se identifican como nativos hawaianos en combinación con otra raza, este porcentaje apenas sube al 20 % de la población total. Además, más de la mitad de la población mundial de hawaianos nativos viven fuera de Hawai’i, principalmente en la parte continental de Estados Unidos. La cultura hawaiana ha sido fuertemente turistificada: tradiciones, fiestas y espacios culturales se adaptaron al consumo turístico, muchas veces perdiendo su significado original. Los locales se han visto sumamente afectados por la creciente compra de propiedades por inversionistas extranjeros, el aumento de los alquileres de corto plazo y la gentrificación, lo que ha reducido la disponibilidad de vivienda asequible y desplazado a comunidades históricas. Estas tensiones económicas se reflejan en las estadísticas actuales: aproximadamente el 23 % de la población nativa hawaiana vive bajo el nivel de pobreza, casi el doble de la tasa promedio general del 9.4 %. El turismo, principal motor de la economía, ha reforzado estas dinámicas, creando un fuerte debate sobre la priorización de los intereses de los turistas frente a los de la población local y generando un constante choque entre desarrollo económico y preservación cultural.
Ahora volviendo a Puerto Rico, la Isla enfrenta desafíos contemporáneos que reflejan ciertas similitudes con lo ocurrido en Hawai’i. La gentrificación en zonas urbanas y turísticas, junto con la compra de propiedades como inversión que eleva los precios y desplaza a los residentes locales, ha sido un gran golpe sobre comunidades históricas, limitando el acceso a vivienda asequible. Estas comunidades también se han visto impactadas por la turistificación, donde barrios se transforman y tradiciones se adaptan al consumo turístico, perdiéndose en el proceso la población original y la identidad características de los mismos. También influyen incentivos fiscales como la Ley 60, que se estableció con la idea de atraer inversión extranjera y fortalecer la economía, aunque en la práctica ha impulsado la gentrificación y ha transformado la composición social de comunidades tradicionales. Estas dinámicas afectan no solo la vivienda, sino también la identidad cultural y la vida cotidiana de quienes han vivido en estas comunidades por generaciones, así como de quienes enfrentan dificultades económicas, especialmente considerando que aproximadamente el 46 % de la población vive bajo el nivel de pobreza. Esto genera un debate similar al de Hawai’i sobre si se debe dar prioridad a la inversión extranjera o proteger a los residentes locales más vulnerables. A esto se suma que una enorme parte de la población puertorriqueña vive actualmente fuera de la isla, y el continuo desplazamiento de la población local sigue aumentando este número.
Expertos coinciden en que, si bien el contexto histórico de Hawái no se repite exactamente aquí en la Isla, sí ofrece lecciones sobre cómo la combinación de inversión extranjera, desarrollo turístico y la gentrificación no solo pueden llevar a la pérdida de la identidad cultural de una nación, si no a la pérdida de una nación en sí.
La historia de Hawai'i nos sirve de espejo para analizar los desafíos actuales que enfrenta Puerto Rico: la gentrificación, la turistificación y la presión de la inversión sobre la vivienda, las comunidades locales y nuestros recursos naturales. La canción de Bad Bunny, más allá de ser un éxito musical, se ha convertido en un tema que nos invita a reflexionar como puertorriqueños sobre la importancia de proteger nuestra comunidad, nuestra identidad, y nuestra permanencia en la Isla.
“No, no suelte' la bandera ni olvide' el lelolai Que no quiero que hagan contigo…”

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