¿Dónde está la oposición política en Puerto Rico?
- Tatiana Vazquez

- Dec 3, 2025
- 4 min read
Al entrar a las elecciones del 2028, Puerto Rico estaría tomando la decisión de continuar o no con doce años seguidos de gobierno bajo el Partido Nuevo Progresista (PNP). De extenderse este dominio cuatro años más, el PNP estaría en rumbo a gobernar unos dieciséis años, algo que no se ha visto en Puerto Rico desde los tiempos del Partido Popular Democratico bajo Luis Muñoz Marin a mediados del siglo XX. Este panorama no solo evidencia continuidad electoral, sino también un estancamiento político que el país ha normalizado durante demasiado tiempo.
Cabe destacar que durante esta hegemonía de “la Palma”, sus candidatos a la gobernación nunca alcanzan la reelección y sus agendas se estancan, lo que nos lleva a pensar: ¿por qué esta hegemonía es tan disfuncional?
Si le preguntas al PNP, te dirán que es culpa de la oposición en Puerto Rico, la cual según ellos se opone a todas sus iniciativas a gritos de “¡Lucha sí, entrega no!”, colgando nombramientos o el monstruo amorfo que se hace llamar por la Junta de Control Fiscal. Ahora, esta oposición que tanto mencionan no puede ser tan efectiva ya que siguen ganando elección tras elección. Resulta difícil sostener la narrativa de que la oposición es la causa principal de sus fracasos cuando el propio PNP ha mantenido el poder de forma ininterrumpida.
No se puede hablar de la hegemonía del PNP sin mencionar a Thomas Rivera Schatz. Como presidente del Senado y figura central del partido, ha tenido un papel decisivo en cómo se organiza internamente el PNP y cómo se maneja el gobierno. Desde 2019, su liderazgo centralizado ha generado tensiones significativas dentro del partido . Por ejemplo, su enfrentamiento con Pedro Pierluisi tras este intentar asumir la gobernación luego de la renuncia de Ricardo Roselló dejó claro que Rivera Schatz quería tener el control del partido, y las disputas sobre nombramientos y decisiones estratégicas marcaron divisiones que todavía se sienten. Su estilo de liderazgo ha impuesto una rigidez que, lejos de fortalecer al partido, ha profundizado sus divisiones internas. A eso se suman las controversias electorales en San Juan en 2024, las críticas a alcaldes del partido por oponerse a la congelación del impuesto al inventario en 2025 y los conflictos con los nombramientos en el Puerto Rico Innovation & Technology Service (PRITS). Todos estos episodios muestran un patrón: la influencia de Rivera Schatz ha moldeado no solo al PNP, sino también la forma en que la oposición se moviliza y enfrenta el panorama político actual.
Para las elecciones del 2028, Pablo José Hernández, presidente del Partido Popular Democrático (PPD) desde febrero de 2025, ha impulsado una campaña de refundación del partido como uno "realista, autonomista y de centro" para romper la hegemonía del PNP. Como comisionado residente electo en 2024, declaró las prioridades que impulsará en el Congreso para fondos federales y reformas electorales, criticando fallas del PNP en los temas de energía y corrupción.
La oposición comienza a reorganizarse y el PPD emerge como el actor principal dispuesto a frenar la hegemonía del PNP rumbo al 2028. En septiembre de 2025, durante la asamblea de reglamento, Pablo José Hernández proyectó abiertamente su candidatura a la gobernación con el respaldo de Alejandro García Padilla, presentando encuestas internas donde el PPD supera en imagen tanto al PNP como al PIP, señal clara de que el partido empezaba a recuperar terreno. Para noviembre de 2025, su 34% de favorabilidad (la más alta entre los políticos estatales) lo consolidó como el líder opositor capaz de atraer votos cruzados y reorientar al PPD hacia una verdadera viabilidad electoral. Su estrategia ha sido convertir las crisis del PNP como los apagones, los retrocesos en derechos LGBTTQ+, las peleas internas, en oportunidades para posicionar al PPD como una alternativa estable, priorizando la economía por encima del debate de estatus y explorando alianzas puntuales que amplíen su alcance. Con Hernández como figura de unidad y renovación, el PPD trabaja para transformar el descontento del país en una fuerza opositora organizada, buscando finalmente romper más de una década de dominio del PNP en las elecciones del 2028. Si consolida este impulso, podría convertirse en el primer líder capaz de poner en riesgo real la continuidad del dominio del PNP.
De otro lado, El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y su líder Juan Dalmau se han presentado como una fuerte oposición al dominio del PNP mediante propuestas descolonizadoras y críticas al bipartidismo, capitalizando en crecimiento electoral del 2024, donde Dalmau obtuvo cerca del 30% de votos como candidato a la gobernación por La Alianza de País entre el PIP y el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC). En 2024-2025, Dalmau impulsó la propuesta de una "Asamblea Nacional de Estatus", un mecanismo democrático en el que el pueblo elegiría un grupo de delegados que negociarán el tema del estatus ante el Congreso de EE.UU..El crecimiento del PIP demuestra que una parte significativa del electorado busca alternativas que rompan con la inercia política tradicional.
Además, Juan Dalmau ha aprovechado el desgaste del bipartidismo para criticar el “inmovilismo” tanto del PPD como del PNP ante a la crisis económica y energética, posicionando al PIP como la opción anti-colonial capaz de representar a los votantes progresistas que buscan una alternativa real. Su liderazgo, insiste en que el país no puede seguir atrapado entre dos partidos incapaces de responder a las urgencias del momento. Dalmau intenta romper las fronteras ideológicas tradicionales uniendo a ciudadanos de todo el espectro político que comparten una misma frustración con el gobierno actual, convirtiendo al PIP en un espacio de convergencia para quienes reclaman un país que deje atrás la parálisis y el acomodo de los partidos tradicionales.
A pesar de que el PNP ha mantenido un control extendido en Puerto Rico, la oposición política empieza a evidenciar señales de organización. El PIP fomenta la independencia y las reformas de estatus, aprovechando la desilusión hacia el bipartidismo. Por su parte, el PPD intenta reestructurarse y mostrarse como una opción pragmática enfocada en el tema económico. Esto muestra que, a pesar de la hegemonía del PNP, la oposición busca diversas formas para desafíar su dominio y jugar un rol importante en las elecciones de 2028.




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